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miércoles, 16 de abril de 2008

EL NACIMIENTO DE JESUS





Lucas en su evangelio nos narra como María y José se ven a pernoctar en un pesebre, donde reposan un buey y una vaca. Aquí, en este escenario es donde nace Jesús. De camino ya vienen unos personajes (que no se sabe muy bien de donde han sacado que eran tres, puesto que los evangelios no lo mencionan) para rendir honores al niño que va a nacer. En su camino, se encuentran al oscuro rey Herodes, cuya obsesión es dar muerte a ese bebé que está designado para ser rey. Finalmente, el niño nace arropado por buey y la vaca. En los relieves del Santuario de Isis, en la isla de Filae, vemos como en la sala de nacimientos, un relieve nos muestra como Isis da a luz en los vergeles del Delta. Al poco de nacer Horus, Isis recibe la visita de cuatro personajes llegados desde los cuatro puntos cardinales, donde en cada punto hay un pilar. Se trata de los cuatro pilares que sostienen la bóveda celeste. Estos cuatro personajes acuden a rendir tributo al niño-dios que acaba de nacer. En los evangelios apócrifos, se nos cuenta que eran cuatro los magos, y que uno de ellos llevaba un libro, llamado el de Seth. En los evangelios canónicos, se nos dice que los magos portaban como ofrenda al niño incienso, mirra y oro. He aquí los tres elementos principales de todo santuario egipcio. El oro era la carne de los dioses, por ser incorruptible; el incienso estaba considerado como su perfume, el perfume de las divinidades; y la mirra era la germinación de las divinidades. Irónicamente, no solo el nacimiento de estos dos niños se produce de forma idéntica, sino que Isis debe huir precipitadamente del Delta del Nilo para huir de Seth, el asesino de Osiris, que desea matar a Horus, puesto que Horus es el heredero legítimo al trono egipcio. He aquí al temible Seth, encarnado bajo el rey Herodes, que desea poner fin a la vida del infante. Pero, si queremos buscar más nexos de unión, tenemos al buey y a la vaca. ¿Qué unión puede existir con estos dos animales? Toda. Y es que, en los nacimientos egipcios, las parturientas estaban asistidas por las divinidades. No solo el buey, encarnación del dios Apis, sino la vaca, animal de la diosa Hathor en su papel de protectora de los nacimientos. Todos los reyes nacían bajo la tierna mirada de Hathor, la cual en los últimos tiempos de Egipto se fundió con la propia Isis. Años más tarde, los romanos adoptarán a Isis como su diosa, y la Dama de la Magia se convertirá en la Santa Patrona de todo el Imperio Romano. Además, al igual que María, Isis era la patrona de los marineros, a la que todos se encomendaban para los milagros, a la que se veneraba como pilar de la familia... en resumen, todas las cualidades que se le atribuyen a la Virgen María, ya las tenía Isis. Como última unión entre los dos nacimientos, por cada una imagen que hay en las iglesias cristianas de la Virgen con su niño en brazos, había diez en cada Santuario del Antiguo Egipto. Y lo que sucede a continuación, es casi milagroso. La familia debe huir, puesto que Herodes persigue a Jesús. Huir, pero ¿a donde? A Egipto.

Curiosamente, el único que menciona este hecho es Mateo, estamos hablando de los evangelios canónicos. Ni Juan, ni Lucas ni Marcos hacen eco de este momento crucial para la vida del niño, huir apresuradamente de las garras del cruel monarca. Y es que el ángel de Dios volvió a aparecerse, esta vez a José mientras dormía. Y la Sagrada Familia se refugia en Egipto por un espacio de cuatro años. El viaje que inician estos tres personajes no es nada fácil. En vez de recorrer las rutas que utilizan los caravaneros, lo hacen fundiéndose con el monstruoso paisaje que les acompaña a lo largo de todo el trayecto desde Palestina hasta Egipto. Estamos hablando de una geografía totalmente inestable, con un abrasador calor durante el día y un frío gélido durante la noche. Y es que, al contrario de lo que nosotros celebramos, Jesús no nace un 25 de diciembre, sino que nace durante el verano. Pero, una vez han llegado a Egipto, no se asientan en ninguna apartada aldea, para pasar desapercibidos, sino que recorren el país deteniéndose en los puntos más importantes de la geografía. Basta, Mostroud, Belbeis, Sumaroud, Sakha, son ciudades donde se alza una iglesia copta en honor a la familia santa. Curiosamente, se detienen en Heliópolis, lugar al que Jesús regresará, como veremos más adelante. Los evangelios coptos nos dicen que la familia estuvo en Egipto durante cuatro años. Pero es posible que fuesen unos cuantos más.

El evangelio de Lucas, en su capítulo 2 versículos del 40 al 51, nos muestra la presentación de Jesús niño en el templo. Nos hallamos ante un niño de doce años, que en el templo se encuentra "en medio de doctores que le están oyendo. Cuantos le oían quedaban estupefactos de su inteligencia y de sus respuestas" Quien lea esta frase se dirá que realmente era inteligente el niño en cuestión, dado que Lucas nos explica que entendía y leía el hebreo. Lo interesante de esta historia es que, principalmente, por aquellos años el hebreo era ya una lengua muerta. Los contemporáneos de Jesús hablarían ó bien el latín ó bien el arameo; pero nunca el hebreo sin antes haberse instruido en lugares de iniciación. A los doce años, significaba la entrada en la etapa adulta, dado que un hombre de treinta años ya había consumido las tres cuartas partes de su vida. Y es que la esperanza de vida de la alta clase romana oscilaba entre los treinta y cuatro y treinta y seis años. La complejidad con la que este niño se expresa nos indica claramente un refinamiento en su educación, y si acaso, una ardua enseñanza recibida. Tuvo que tener una presencia en las mejores escuelas, que bien podrían haber sido las de Heliópolis, en donde se impartían las mismas enseñanzas que luego predicó Jesús. Hay que tener muy claro que lo que Jesús predicó en los tres (ó en uno) años de si vida pública no son palabras cristianas, sino Verdades Universales. Son enseñanzas que, en casi todas las religiones orientales estaban presentes desde tiempos inmemorables. En las escuelas iniciáticas que estaban en Egipto todavía se transcribían las máximas de hombres sabios que habían vivido incluso en la IV Dinastía. El propio Ptah-Hotep inculcó a sus discípulos las mismas enseñanzas que se le atribuían a Jesús dos mil años más tarde. En la sociedad judía de esa época, era de insensatos promulgar en favor de las mujeres, como Jesús lo hizo. Los evangelios, sobre todo los canónicos, nos muestran ese recelo que todos tenían para con María Magdalena, dado que, como veremos más adelante, incluso pudo haber sido la esposa de Jesús. Ahora, tras este encuentro en el templo, se le pierde la pista a Jesús de Nazareth durante dieciocho años.

© 2005, Amenofhis III (Luis Gonzalez Gonzalez) amenofhis_29@hotmail.com


ENVIADO POR RICARRDO MATEO

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